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Bienvenido/a a este blog, que nace, con el año 2012, como vehículo para divulgar y compartir inquietudes e ideas, sobre todo en materia de turismo. Antes, he aquí el documento resultado de casi cinco años (2010 a 2014, 55 artículos) escribiendo cada mes en HEconomia, con análisis y propuestas para el turismo provincial: https://dl.dropboxusercontent.com/u/48698330/HEconomia_2010_2014_55_articulos.pdf

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sábado, 6 de octubre de 2012

¿QUÉ NOS ESTÁ PASANDO? (II)

La crisis ha ido ampliando su ámbito de influencia: la inicial crisis financiera (en España singularizada en las cajas de ahorro) pasó a ser económica (afectando durísimamente a las empresas y al empleo) y, ahora, es también social (desilusión, cuando no desesperación; pobreza, cuando no hambre, se han extendido hasta límites que parecían inverosímiles, y quizás no hayamos tocado fondo aún) e institucional (con unos dirigentes políticos que no son percibidos como parte de la solución, sino del problema): es una crisis total, nada ni nadie está a salvo (hasta la función pública y quienes la desempeñamos). Las repetidas manifestaciones de estos últimos días, las sublevaciones institucionales y el abierto desafío independentista catalán (al que pronto se unirá el vasco, que siempre ha estado ahí latente) son buena prueba de ello. Al perro flaco todo se le vuelven pulgas, como dice el refranero (ojalá no nos azote ahora una pertinaz sequía). En términos estratégicos, es una regla elemental: cuando el adversario está débil y con muchos frentes abiertos, hay que aprovechar la coyuntura para atacar y sacar tajada.
Este es, básicamente, el diagnóstico: sombrío, porque una sociedad que no ve un futuro con posibilidades puede caer en una deriva muy peligrosa. Una situación, en suma, muy compleja, que requiere de una capacidad de gobierno extraordinaria y de apoyos para gestionar el cambio en un escenario en el que a nuestro actual sistema político-institucional las costuras le saltan por todas partes. Y si éste no funciona no podremos tener una economía sana que ofrezca esas oportunidades que necesitamos.
Pero del diagnóstico hemos de pasar a la acción. La parálisis resultado del pesimismo y la melancolía no conducen a nada. Como tampoco el optimismo antropológico de charlatanes que tratan de vendernos (porque nos gusta oírlo) que, pese a todo, las cosas tienen color de rosa. El realismo, con sus claroscuros,  es la base de una acción bien orientada, a nivel colectivo (de los poderes públicos) y a nivel individual (en el quehacer y la elección de cada uno de nosotros).
En esa acción hemos de rescatar el arte de gobernar, que no de la guerra, como tituló Sun Tzu hacia el año 500 antes de Cristo. Es el tiempo de los equilibrios y de transitar desde un pensamiento disyuntivo (que separa) a un pensamiento complejo (que compatibiliza). Por ejemplo, la cuestión no es austeridad en las cuentas públicas o crecimiento económico: necesitamos de ambos pilares para que la casa se mantenga en pie, eliminando los excesos y lo improductivo a la par que facilitando la actividad empresarial.  
Por un lado, debemos no confundir los medios con los fines: a través de una mejora en la dotación tecnológica y en la gestión podemos hacer compatible la calidad en la prestación de servicios públicos con mayores cotas de productividad y eficiencia (que se lo digan sino a la administración de justicia, en comparación con la administración tributaria); o con una reingeniería de los procesos administrativos que elimine las duplicidades entre administraciones (véanse sino las disfunciones que generan el solapamiento entre los servicios de empleo estatal y autonómico). Son, pues, dos tipos de problemas los que han de ser abordados: los de gestión y los de estructura del Estado, con voluntad política y abandono de disputas estériles; con luz larga, no sólo con la luz corta que llega a las próximas elecciones.
Y por otro, tener claras las prioridades, explicando cuál es el modelo de Estado que queremos o el modelo económico al que aspiramos. No es cuestión de ocurrencias, por más que éstas sean frecuentes, sino de saber escuchar a la ciudadanía, tener un plan y aplicarlo con coherencia, sin ocultar que tenemos condicionamientos que nos vienen de fuera y que son tiempos que nos exigen cintura (flexibilidad).
Sólo así los dirigentes políticos podrán empezar a revertir la situación actual. Lo contrario es enormemente amenazador, y asusta. La política bien entendida es muy importante. Y ahí incluyo su recuperación como servicio a la comunidad (necesariamente temporal), no como profesión; y para ello debe limitarse el periodo en que se ocupan cargos públicos. Tras ese tiempo (digamos ocho años), vuelta al trabajo que cada uno tenía, lo que no impide seguir militando y participando activamente en la vida de cada formación política.
Como decía Sun Tzu, los buenos gobernantes son aquellos que tienen conocimiento, sinceridad, benevolencia, coraje y firmeza. Tomemos nota. 
Aquí me despido.
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Publicado en Huelva Información, 4-10-12, p. 6.

1 comentario:

  1. La desprofesionalización de la política es un artículo de primera necesidad, que muchos llevamos denunciando ante un café, en los medios (que se atreven a transmitirlo) y donde nos atrevemos (asumiendo a veces el riesgo del etiquetaje por parte de esta nueva casta social, que todo lo ha podido).

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