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Bienvenido/a a este blog, que nace, con el año 2012, como vehículo para divulgar y compartir inquietudes e ideas, sobre todo en materia de turismo. Antes, he aquí el documento resultado de casi cinco años (2010 a 2014, 55 artículos) escribiendo cada mes en HEconomia, con análisis y propuestas para el turismo provincial: https://dl.dropboxusercontent.com/u/48698330/HEconomia_2010_2014_55_articulos.pdf

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sábado, 5 de enero de 2013

AÑO NUEVO VS AÑO VIEJO

Tomo para comenzar una cita del reputado escritor Paulo Coelho: “Somos el resultado de nuestro pasado y los arquitectos de nuestro futuro. Si quieres saber lo que está por venir, tu mente tiene la clave.”
En nuestro pasado reciente hemos cometido errores y caído en numerosos excesos, que ahora estamos pagando en forma de recesión económica. No existe progreso sin esfuerzo y sacrificio: por si se nos había olvidado, la prolongada crisis que sufrimos nos lo está poniendo en evidencia cada día, tanto más cuanto más afectado se siente uno. No supimos digerir los años de fiesta que siguieron al lanzamiento del euro, con un acceso muy barato al crédito que nos llevó a endeudarnos masivamente dejados llevar por la ilusión de que esta bonanza no tendría fin. Estábamos en una burbuja financiero-crediticia que nos llevó, dado nuestro obsoleto modelo de crecimiento económico, a una burbuja inmobiliaria que nos va a lastrar durante lustros. El endeudamiento fue uno de esos excesos, pero no sólo el público, sino aún más el privado. Y como siempre, lo que se pide prestado hay que devolverlo, siendo que nuestros acreedores son sobre todo operadores internacionales que tienen serias dudas acerca de nuestra capacidad de reembolso, dada la situación de la economía del país. Y a mayor riesgo, ya se sabe: el interés que hemos de pagar sube (la tan familiar prima). Un sistema financiero con tasas de morosidad por encima del 10% tiene una viabilidad muy dudosa. La consecuencia, el rescate al que estamos asistiendo de no pocas entidades (mayoritariamente del colectivo de las ya casi extintas cajas de ahorro).
Otro exceso es el de la política: todo se ha politizado (como lo fueron las cajas), y eso nos ha llevado a un serio problema de falta de independencia entre los poderes del Estado y de los organismos reguladores, como el Banco de España o la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Sólo así podemos entender que  no hubiera un “aguafiestas” cuando la “fiesta” descrita más arriba se desmadró. No había gobernante que asumiera el consiguiente coste político, pero eso tiene un nombre: irresponsabilidad, generadora de una desconfianza que se paga, y caro. Aún más si somos, como así es, poco transparentes. Animo a cualquier ciudadano a que trate de averiguar a través de la página web de su ayuntamiento (por poner un ejemplo entre muchos otros posibles, por ser cercano) en qué se gastan sus impuestos. 
Más excesos: la hiper-regulación que padecen  las empresas constituye un enorme freno a su capacidad de desarrollo. El peso burocrático-administrativo, amén de su frecuente lentitud, las cargas fiscales, laborales, etc., etc. no dejan respirar. Hasta nos hemos cargado la unidad de mercado en España, que se ha fragmentado en diecisiete partes, lo que se traduce en costes de transacción mayores para las empresas que operan en varias comunidades autónomas. Hay un resultado que se ve, la no creación de empleo; y otro que no se ve, la economía sumergida.  Su volumen se desconoce a ciencia cierta (por eso es sumergida), pero estudios solventes la cifran en estos momentos en el orden del 22-23 por ciento de nuestro Producto Interior Bruto, que, obviamente, es demasiado. Y estoy seguro que muchos de quienes trabajan en negro no lo hacen porque les guste o sean defraudadores por naturaleza, sino porque esa presión agobiante no les deja otra alternativa para sobrevivir. Hoy en día, ser un empresario honesto que cumple con todas sus obligaciones es casi heroico.
La lista, claro está, es más larga, pero termino con un último exceso que hemos de tratar de evitar: el de hacer pagar los sacrificios de la crisis de forma no equitativa, es decir, más en quienes menos tienen y se encuentran más indefensos; o siempre sobre los mismos. Debe mensurarse bien hasta qué punto es aceptable privatizar beneficios y socializar pérdidas.
Este es el resultado de nuestro pasado, pero, parafraseando a Paulo Coelho, tenemos que ser arquitectos de nuestro futuro. Y en esa nueva arquitectura hay dos elementos esenciales que hemos de repensar muy bien, y que están interrelacionados: la organización del Estado (no hay duda que hemos de hacerla más eficiente y eliminar duplicidades o triplicidades) y el sistema de elección de nuestras élites: políticas, económicas, educativas y sociales en general.
Son momentos de urgencias pero también de oportunidades para cambiar. Para parar, analizar, tomar decisiones y actuar, asumiendo que no volveremos a la situación pre crisis: necesitamos ayuda como país para salir adelante, fundamentalmente la de nuestros socios europeos más fuertes, pero también por nuestra parte saber afrontar los desafíos que están ahí, que no son nuevos, y que exigen una mirada diferente, más allá de las próximas elecciones. La envergadura de los retos que tenemos ante nosotros (le evolución demográfica, el mantenimiento del estado del bienestar, del sistema de pensiones, la reconstrucción de nuestra estructura productiva sobre unas nuevas bases que inexorablemente habrán de ir ligadas a la I+D+i, la reforma del sistema educativo –de arriba abajo-, etc.)- exige de grandes acuerdos, de eso que se ha dado en llamar un Pacto de Estado. Y para esos necesitamos unas élites capaces de hacerlo. Este es el núcleo gordiano: el sistema actual es manifiestamente mejorable, a la vista de los resultados. Recuperar el principio del mérito y la capacidad es esencial: está en vías de extinción, pero no podemos dejarlo morir, porque con él moriría la democracia y, en suma, nuestro sistema de convivencia. Estaríamos condenados a la mediocridad y a la falta de oportunidades, en especial para unos jóvenes, y a veces no tan jóvenes, que están emigrando a borbotones.
Aclaremos la mente y empecemos a construir una nueva economía, más libre pero también más ética, sobre una nueva democracia, más abierta y transparente. La esencia de gobernar es precisamente eso: saber adónde queremos llegar, trazar una hoja de ruta, establecer las prioridades y asignar los recursos escasos congruentemente con las mismas. Sin confundir lo urgente con lo importante.
Y para terminar, otra cita. Esta no es contemporánea como la primera, sino que viene del siglo XVI. Su autor, el poeta portugués Luís de Camões, que dijo aquello de que ''nunca habrá año nuevo si seguimos copiando los errores de los años viejos''. Analizaremos esto, en lo que se refiere al sector turístico provincial, en el artículo del próximo mes: haremos balance del 2012 y otearemos el horizonte que tenemos por delante.
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Publicado en HEconomia el 3-1-13
 

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