Bienvenida

¡GRACIAS POR SU INTERÉS!

Bienvenido/a a este blog, que nace, con el año 2012, como vehículo para divulgar y compartir inquietudes e ideas, sobre todo en materia de turismo. Antes, he aquí el documento resultado de casi cinco años (2010 a 2014, 55 artículos) escribiendo cada mes en HEconomia, con análisis y propuestas para el turismo provincial: https://dl.dropboxusercontent.com/u/48698330/HEconomia_2010_2014_55_articulos.pdf

Además, en las siguientes URLs encontrará más, mucho más, sobre mi actividad académica: http://www.uhu.es/alfonso_vargas/ - http://alfonsovargassanchez.wix.com/geidetur

Y lo más importante: ¿aún no conoce Huelva? Descúbrala en el siguiente enlace y en la presentación que sigue: http://www.turismohuelva.org - https://www.dropbox.com/s/8ada1ku91qtoknc/AunNoConocesHuelva.pps?dl=0

lunes, 1 de junio de 2015

EL MURO: DEL CAMBIO

Lo difícil del cambio no es anunciarlo e ilusionar a la gente con alternativas diferentes, sino llevarlas a la práctica cuando, teóricamente, se tiene el poder para hacerlo. Unos más y otros menos, todos tenemos una racionalidad limitada y barreras al aprendizaje que nos impiden apreciar el sentido y ventajas (o no) de ciertos cambios, e igualmente las organizaciones, que generan inercias con sus rutinas de funcionamiento muy difíciles de romper cuando, después de mucho tiempo, están muy arraigadas. Por tanto, la gestión del cambio, desde un ejercicio inteligente del poder en un nuevo escenario, se torna fundamental.

En el mismo sentido, la actividad turística y la percepción que se tiene de ella evoluciona. Empieza viéndose como un maná y la gran solución a los problemas económicos, y puede terminar siendo una actividad tóxica, en la que los efectos negativos sobre la comunidad local superan a los impactos positivos que genera. El turismo, si no se controla, puede llegar a ser un gran depredador de territorios, espacios naturales y fuente de trabajo precario de escaso valor añadido. Lo estamos viendo palpablemente en ciertos lugares, donde ahora se trata de cambiar el modelo o de remediar incluso problemas de convivencia. También aquí evidenciamos barreras al aprendizaje y dificultades para cambiar el modelo de gestión de las empresas y los destinos.

Para empezar los destinos cada vez tienen menos importancia, en favor de las experiencias: lo verdaderamente relevante es lo que puedes hacer, no donde lo haces. Cada territorio, por pequeño que sea, quiere convertirse en un destino, a menudo sin un plan a largo plazo, sin acciones coordinadas (sino más bien puntuales), cuando en realidad eso ha dejado de importar. No nos eligen por ser eventualmente reconocidos como tal, sino por lo singular, diferente, auténtico de lo que somos capaces de ofrecer. La pregunta no es cuál es el futuro que nos espera (postura reactiva), sino cuál es el futuro que deberíamos hacer realidad (postura proactiva). No nos elegirán, por ejemplo, sólo por las playas (las hay y muy hermosas en muchos sitios), sino por lo que de diferente tengan: pongamos su no masificación y las actividades que en ellas se puedan realizar.

Los segmentos del mercado (o tipos de clientes) son cada vez más imprecisos: ¿cómo definiríamos a alguien que viaja en una línea aérea de bajo coste, se aloja en un hotel de cinco estrellas, y gusta de almorzar en un restaurante de comida rápida? ¿Qué tipo de turista es? Los arquetipos tradicionales ya no son válidos. Además, una misma persona puede responder a distintos moldes de comportamiento del consumidor en circunstancias diferentes, según viaje sólo, en pareja, con niños, por motivo de ocio o de trabajo…

Los paquetes turísticos tradicionales están dando paso rápidamente a los llamados paquetes dinámicos, es decir, co-creados con el cliente fruto de la conversación con ellos. Es uno de los muchos efectos de las nuevas tecnologías.

La economía colaborativa, o de persona a persona, es un movimiento imparable, aunque deba ser regulado. Esto significa, entre otras varias implicaciones, que los establecimientos de alojamiento han dejado definitivamente de ser el centro del sector turístico. En realidad no lo son desde hace tiempo, aunque aún por inercia se les siga dando más importancia de la que en este nuevo contexto tienen. No me refiero a importancia por el montante de la inversión (qué obviamente sí la tienen), sino por lo determinante que resulta en la decisión de elegir donde pasar unas vacaciones.

En la era de la tecnología, la persona se ha de recolocar en el centro de nuestra respuesta estratégica, siendo que las relaciones sociales (entre las personas: viajeros con viajeros y estos con residentes, turistas con la cara humana de las empresas…) adquieren una relevancia creciente.  Son esas relaciones y el trato personal lo que más huella deja y más contribuye a que la experiencia sea memorable y, como derivada, compartida en tiempo real (otra vez las tecnologías y la movilidad de las mismas) y recomendada a otros. El mercado está controlado por el consumidor, por lo que hemos de esforzarnos en establecer con él una relación directa.  De lo contrario el destino y sus formas tradicionales de actuar dejarán de tener sentido. Ese es un rol fundamental que ha de desempeñar su ente gestor, si quiere añadir valor al trabajo que realizan las empresas: ayudar a crear ese vínculo emocional con las personas, para lo cual los valores que se evocan a través de una marca y la adecuada elección de unos pocos símbolos nacional e internacionalmente reconocibles,  apoyados en un adecuado plan de marketing, son claves. De lo contrario serán las empresas las que ignoren esta intermediación por ineficaz.

El  filósofo chino Lao Tse, considerado por muchos como contemporáneo de Confucio, dijo aquello de que “el buen viajero no tiene planes fijos, y no tiene la intención de llegar”. Seamos honestos, apoyándonos en estas palabras: no sabemos qué va a pasar en la industria turística, no ya por los cambios socio-demográficos, tecnológicos, climáticos, etc., sino por los políticos que están aconteciendo en estos días. El entorno es cada vez más caótico y muy difícil, sino imposible, de anticipar. Todo es cada vez más volátil, incierto, complejo y ambiguo. Por eso la capacidad y rapidez de aprendizaje y de absorción de las nuevas tendencias es cada vez más fundamental, igual que la agilidad de respuesta. Y como el cliente (más y más experimentado) cada vez en mayor medida busca ser sorprendido, la experimentación y la innovación permanente (no es posible innovar sin experimentar y asumir la cultura del error), e incluso la reinvención del modelo de negocio, resultan esenciales en la actualidad para generar valor con un margen y volumen remuneradores en conjunto.


Ahora que es tiempo de marcar nuevos rumbos en muchas ciudades, provincias, regiones, ¿habremos aprendido estas lecciones?; ¿estaremos abiertos a estos cambios y a asumir los consiguientes riesgos de ponerlos en marcha, con el coraje necesario?; ¿habrá evolución o involución? Pronto lo constataremos.
---
Publicado en Huelva Información, 31-5-15, p. 10

No hay comentarios:

Publicar un comentario